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HEMORROIDES: ENFERMEDADES, CAUSAS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO.
Las hemorroides son dilataciones varicosas de las venas hemorroidales localizadas en la región anal. Es un trastorno bastante corriente, que causa muchas incomodidades, pero que no reviste consecuencias graves.
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EnfermedadesSe presenta con frecuencia durante el embarazo, si bien afecta por igual a ambos sexos. El ano es un conducto de unos 30 mm de largo que se extiende desde el recto hasta el orificio anal, a través de la última parte del intestino grueso y de un anillo de músculos denominado esfínter. Se puede dominar este esfínter manteniendo cerrado el orificio o relajándolo para permitir la salida de las heces. Esta parte del tracto digestivo tiene una estructura y una función muy sencillas, y la única enfermedad corriente que suele afectarla son las hemorroides, también conocidas popularmente como almorranas.

CAUSAS.
Las hemorroides son venas retorcidas e hinchadas por la acumulación anormal de sangre, a causa de la presión demasiado alta que, de una forma reiterada, se produce en su interior. Por lo general, esto sucede como resultado del esfuerzo realizado durante la defecación, y se debe, en la mayoría de los casos, a un estreñimiento persistente. Una alimentación con bajo contenido de fibras origina heces pequeñas y duras que, durante la defecación, pueden herir el esfínter a su paso, por lo que el dolor que se padece suele inhibir las siguientes deposiciones, lo que termina agravando el problema.

En el caso de las embarazadas que padecen hemorroides, es debido a que durante el último período de la gestación la presencia del feto en el útero tiende a dificultar el retorno del flujo sanguíneo por las venas de la zona ventral; además, el estreñimiento es común durante el embarazo, por la laxitud que adquieren los músculos del aparato digestivo, y se agrava hacia el final a causa de la presión que ejerce el útero, aumentado de tamaño, sobre el intestino. No obstante, después del parto todas las varices se deshinchan y se vuelven menos molestas. La magnitud de este trastorno la proporciona la cifra de que alrededor de un 50% de las personas de más de 40 años padecen algún tipo de hemorroides.

HEMORROIDES EXTERNAS E INTERNAS.
Cuando una persona sufre de hemorroides, las venas del ano forman varices, es decir, se inflaman, se retuercen y sus paredes se vuelven más finas, razón por la cual se desgarran con el paso de las heces. Las hemorroides internas se forman en la parte interior del recto y cerca del principio del canal anal; aparecen en una zona insensible del intestino y quizás no sean visibles desde el exterior.

Si las venas abultadas se encuentran más abajo, es decir en el orificio anal, se considera que existen hemorroides externas. Algunas veces las hemorroides externas sobresalen del orificio, formando lo que se denomina un prolapso. Esto puede ocurrir durante la defecación, si bien después la vena prolapsada suele volver a su lugar. Sin embargo, en ocasiones, una o más venas prolapsadas pueden continuar en el exterior del ano y provocar una trombosis, u obstrucción del vaso, que ocurre cuando pequeños vasos sanguíneos se rompen debajo de la piel, en el margen del canal anal, y la sangre se coagula dentro de las venas que están deformadas.

Si se dilatan al mismo tiempo las venas de la parte interior y de la exterior del ano, se habla de hemorroides mixtas.

SÍNTOMAS.
El principal síntoma de las hemorroides es la salida de sangre al defecar, que se puede percibir en forma de manchas en la materia fecal o en el papel higiénico, o bien puede producirse una hemorragia leve durante un minuto o más tras la deposición. Por otra parte, los movimientos intestinales pueden ser incómodos o incluso dolorosos. Las hemorroides prolapsadas a menudo producen una secreción mucosa y picor en torno al orificio anal, y en los casos más graves algunas venas pueden prolapsarse de modo inesperado al defecar. Si se produce trombosis suele haber un dolor intenso.

Las hemorroides internas pueden sangrar durante varios años, aunque también puede ocurrir que pasen casi inadvertidas, ya que no son dolorosas. El dolor se produce por el estrangulamiento de las venas, es decir cuando se padecen hemorroides externas trombosadas.

A pesar de la gran incomodidad que causan, las hemorroides no tienen consecuencias graves, aunque las pérdidas de sangre muy frecuentes pueden llegar a causar anemia por deficiencia de hierro. Sin embargo, si hay un sangrado anal, es conveniente consultar con un médico, ya que éste también puede ser un síntoma de cáncer de intestino grueso o de recto.

DIAGNÓSTICO.
El diagnóstico se realiza mediante un examen clínico del recto y del ano. Para descartar la posibilidad de un cáncer se recomienda practicar un examen radiográfico con enema opaco y, posiblemente, una sigmoidoscopia. De todas formas, ante un cuadro de hemorroides se pueden observar pequeñas pérdidas de sangre, mientras que ante un cáncer las hemorragias suelen ser más abundantes, persistentes y, por lo general, se presentan asociadas con cambios en el hábito intestinal.

TRATAMIENTO.
Es muy conveniente seguir una dieta rica en fibras, pues de este modo se producen heces blandas. Ante la existencia de hemorroides es importante limpiarse bien, con suavidad, después de cada defecación, utilizando papel blando húmedo y agua con jabón. Los supositorios astringentes ayudan a contraer las hemorroides dolorosas, si se administran cada noche durante una o dos semanas. En caso de sufrir algún ataque muy doloroso, causado casi siempre por una trombosis, es conveniente guardar cama durante un día e intentar aliviar el dolor con paracetamol, tomando una dosis cada cuatro horas.

Para evitar la inflamación de las hemorroides expuestas se puede aplicar una compresa hielo, o empapada con agua de hamamelis, o un baño con agua salada tibia. Si el dolor se prolonga durante más de doce horas es conveniente acudir al médico, que probablemente prescribirá pomadas calmantes o anestésicas, o supositorios con corticosteroides.

Algunos supositorios contienen un anestésico local que disminuye la sensibilidad al dolor del área dañada y facilita el movimiento intestinal indoloro. Si persiste el estreñimiento deberán buscarse las causas de su aparición y tratarlo, quizá con el uso de laxantes. Si el problema se prolonga, hay dos tratamientos más activos que no requieren hospitalización: el primero consiste en inyectar, en las propias hemorroides, un agente especial astringente, el segundo es un método denominado criocirugía, que destruye el tejido lesionado mediante congelación. Sin embargo, en numerosos casos se debe recurrir a la extirpación de las hemorroides mediante una intervención quirúrgica, conocida como hemorroidectomía.

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